Tras una cena aburrida en familia cada uno se fue a su dormitorio para reposar la comida y hacer sus cosas, pero no me dio tiempo a hacer nada ya que comencé a escuchar unos gemidos que pensaba en un principio ser unos quejidos y que cuando llegue al cuarto de mis padres, de donde procedía, entendí que estaban follando. Primero la curiosidad me llamo pero poco a poco me fui excitando hasta mojar completamente las bragas cuando vi por la cerradura de la puerta como mi padre cabalgaba a mi madre dándole una buena dosis de sexo anal, algo que deseaba yo desde hacía tiempo pero que no podía ya que no tenía novio y hacerlo con un desconocido me daba un poco de reparo.