Había quedado con mi chico en el hotel que venía de paso unos días a mi ciudad, bueno, en realidad no es mi chico ya que estoy casada pero es el hombre con el que desde hacía un tiempo tenía reuniones “esporádicas” en hoteles y sitios privados, conociéndonos desde hacía prácticamente tres años y manteniendo una relación muy extraña, una especie de atracción que mezclaba sentimientos e instintos muy primitivos y que no podíamos evitar de ninguna manera quedar para acostarnos juntos, incluso yo habiendo pasado de los cuarenta y él sin llegar a cumplir los treinta.