entrada_557 La muy zorra de mi mujer me decía todos los días que se iba a tomar su dosis de rayos uva a diario, que no me hacía sospechar en un principio hasta que nuestras relaciones sexuales decayeron hasta un punto muerto. Cuando no le apetecía le dolía la cabeza o se había quemado con el sol, hasta que un día me dio por oler su ropa interior y sin duda era semen el rastro que había. Un día por la tarde la seguí y vi que no estaba yendo al salón, si no que por el contrario se dirigía a la playa. Allí pude grabar para mi abogado como la muy guarra tenía un jovencito con el cual se dedicaba en una cala apartada de la playa a follar y ha hacerle las mamadas que le faltaban a mi polla, y aunque se había acabado lo nuestro me alegraba de tener esa información de antemano.