La tensión entre hermanos era palpable desde hacía años, justo en el momento que comenzamos a salir con gente y a disfrutar del sexo libremente ya que sabíamos que los dos eramos adoptados y que en realidad no nos unía ningún lazo de sangre, aunque por respeto a la familia quisimos intentar evitarlo, hasta que justo cumplí los 25 años y se presento mi hermana, dotada de unas tetas enormes con ganas de marcha sin poder evitar ya la atracción y llevándome a la cama para disfrutar del mejor polvo de toda nuestra vida, algo que no olvidare nunca y que espero se vuelva a repetir, aunque ella dejo bien claro al final que se trataba de un error delicioso.